EXTRAS

HISTORIA: Érase una vez un genio

Estás mirando libros, y cuando coges uno de ellos, aparece un genio que te concede 3 deseos a cambio de liberarlo de su encierro entre las páginas del libro.
-¿Cómo hago eso?- preguntó algo sorprendido.
- Busca en el fondo del corazón de este libro- me contestó él cruzándose de brazos con autoridad.
Cogí el libro con temor y lo abrí por la mitad, aproximadamente, más o menos... Y entonces fue cuando me sentí absorbido por el libro, adentrándome en un abismo de incertidumbre.
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De repente me encontré en medio de un prado, lleno de ovejas. En el centro había un niño tumbado. Le pregunté acercándome a él:
- ¿Has visto al genio de la lámpara maravillosa?
El niño, que era aficionado a decir mentiras, me envió a un bosque cercano. Estuve caminando por el bosque, y me encontré un hechicero con una piel de lobo, removiendo un caldero gigante. Al ver que no era el genio, volvimos a preguntarle:
-¿Has visto a un genio?
- No... Pero justo uno de vosotros me hacía falta para terminar un encantamiento.
Me agarró con un encantamiento, y me metió dentro del caldero. Sin embargo antes pensé "por favor, genio, hazme fantasma cuando muera"  Por supuesto, perdí la vida al meterme dentro del líquido hirviendo del caldero.
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Muerto, salí del caldero atravesándolo gracias a mi forma etérea y, siendo una sombra, me encaré con el hechicero, que intimidado accedió a mostrarme el camino hasta una puerta que había en medio del prado cerrada a cal y canto con un gran candado.
- Genio, ¿me oyes?- grité.
- Sí- su voz sonaba grave y temblorosa.
- Deseo que esta puerta se abra.
La puerta se desvaneció, quedando tan solo el marco y un gran agujero en su lugar, que daba a la librería, donde había una gran tarjeta de crédito dorada que lo inundaba todo con una luz.
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Al tocarla sentí un golpe en el pecho y noté que mi corazón latía de nuevo, estaba vivo. Todavía extrañado miré alrededor, dos personas me estaban sosteniendo:
-¡Te has desmayado!- me dijo una de ellas.
-¿Necesitas ayuda para volver a casa? Casualmente tengo un metrobús ¿Lo quieres?.
- No gracias, tengo abono.
Salí de la librería y cogí el metro. Conmigo, entró un hombre tocando el acordeón. Me fijé en su cara y rememoré al genio, el hombre se acercó a mí y me dijo:
-¡No me has liberado! Mi venganza será terrible.
Siguió tocando y cuando sonó la última nota nadie aplaudió, pues el tren estaba en llamas.

FIN


        Varios autores, 18 de Mayo de 2012.
                 Historia creada entre las paredes de  la librería Kirikú y la bruja.

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